Salchichón con Salmón

Historias geniales con Ilustraciones maravillosas


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Con lluvia, viaje.

viaje con luvia

Un día como hoy, el querido Samudio Valenciaga salió a la calle sin paraguas pero con lluvia.

Llenó sus bolsillos de agua cristalina que recogió, como de costumbre, de los baldes, tachos, pocillos que dejaba en la terraza cada noche.

Despues de aquella sopa inclasificable, jamás volvió a beber de ese agua. Samudio se había convencido de que no es posible andar por la vida tan vacío. Y tan literal como siempre, convirtió a su chaquetón marrón en un saco.

Samudio, ese día como hoy, fue un poco más allá y no solo guardo un poco de lluvia en su bolsillo izquierdo “para la mufa”. Metió cuanto centímetro cúbico pudo dentro de cada recoveco. Con los dos bolsillos rebosantes de purificadora agua salió a la calle. Esta vez necesitaba más fuerza, más ayuda, más protección. “Lo que cae del cielo es divino” decía. Samudio sabía que con tan frágil carga le era imposible hacer la rutina acostumbrada. Pero ese día como hoy, todo era diferente.

Después de una cuidadosísima caminata por las calles de siempre, y luego de sortear numerosos obstáculos que hicieron peligrar su llegada, arribó a su destino.

Samudio se paró frente a una casa verde de rejas negras bajas. Paso primero la pierna izquierda, con minuciosa atención, luego la derecha casi de un salto. No se dirigió hacia la puerta, se posó frente a una hermosa flor azul y le regaló su lluvia.


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A dios gracias…

base ilustraciones

Enojado con dioses y la santa clarividencia que no me han dotado de dones mágicos. Así nomás, simple y terrenal. Una varita que no asusta a nadie. Sin gracia cuando apunta. Punta de lapicera robada de un mostrador recoleto. Con la tinta seca, elevaría la vista al cielo y pediría… ¿Pero qué carajo pedir? ¿Cuántos deseos me corresponden? ¿Pido plata? Nunca termina bien esa fábula… ¿Pido salud? Un embole, hay que morir joven, en un bello cuerpo… ¿Pido por la paz mundial? Pero en que me transforme… en una miss mundo, nah…

Si es por pedir, quiero talento, magia: la de Picasso, la de Basquiat, la de Altuna, la de Quino,de Keith Richard, de Steve Harris, la del pibe Bassedas, la de Joey Ramone… en fin.

…Se me mojó la varita, maldita humedad, ya no se desliza con la belleza pasada. A avivarla con las palmas en coordinada frotación, como queriendo prender un fueguito, una chispa suprema, cual avezado niño explorador… sale la llama… sale la llama… vuelve la inspiración… gracias a los santos y santas que me cuidan…
A Dios gracias.


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Palabras fuertes.

Hijos de puta

Hay razón suficiente para creer que todo el mundo está invadido por una legión interminable de galácticos hijos de puta en cómoda ropa de “buenas personas”.

Hay que creer, y así con esa fe empezar a desconfiar de todos. Y no me vengan con la analogía del cordero, del lobo, del prejuicio… acá todo por su nombre… ya estamos grandes, viejo: Hijos de puta.

Con solo mirarle los ojitos basta, ese ceño caído, la comisura blanda… porque en el fondo todo hijo de puta es un culposo de mierda. Un culposo con conciencia de hijaputez que viene a escabullirse entre los normales del mundo para infectarnos de su horrible moralidad y ética atada a conveniencia. Manuales de estilo escritos vaya a saber uno por qué: convención republicana de hijos de mil puta. En contra de todos y a favor solo de ellos, porque así son.

Y perdón que use el termino un poco vulgar y anquilosado de meterme con la prole de las trabajadoras sexuales. Pero en este pequeño vomito de sincericidio, uso la excepción de la Rae que reza, Hijo/a de puta: a todo aquel disfrazado de buena mandarina que nos aprieta la cascara en los ojos de refilón y sin que lo notemos. Porque claramente esos son los únicos, los verdaderos, los otros,los buenazos, somos un montón a merced de estos incontables hijos de puta.


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Ese humo

Ese humo eseExtraña ese olor. Ese que le quedaba en la boca cuando él se le escapaba.

La tiene junto a ella, a sus pies. La cama matrimonial toda revuelta. Desenrosca los ceniceros. La mesita de luz que no guarda nada. Los sacude en la gran bolsa negra de consorcio. Vuelan los olvidos de otros. Huele en esos, sus recuerdos. Acá no hay otra, no es agachar la cabeza y hacer como si nada. No es cerrar los ojos y tratar de no sentir. Se le cuelan en su triste nariz atucanada. Y lo imagina. Lo imagina en esa habitación o en alguna otra. No lo sabe. Dónde está, no sabe. En esos calzoncillos que a él le encantaban: los rotos, los deshilachados, los incansablemente zurcidos. Todos de alguna manera lo eran; desde el jefe que acorrala en el cuarto de limpiezadepósitococinadescanso, pasando por el pasajero del bondi que no disimula, hasta el cuñado mientras cogotea esquivando a su hermana. Tal vez esté con una de sus tantas. Lo perdonó demasiadas veces.

Va cerrando la bolsa. Está llenísima. Siempre tiende a desbordarla. “No hay que gastar tantas bolsas, nena”. Ella cumple. Ni su madre, a la que con mucho corazón amaba, supo disculpar. Soñaba con volverla a ver, siempre de espaldas. Como un luchador que se acostumbra al olor de la lona. Tantas veces la voltearon. Tantas que ya no le contaban. Los 1, los 2, los 3, los 4, los 5, los 6, los 7, los 8, los 9, hasta los 10…pasaban rápido. Era a propósito, él la deseaba a ella. Con eso sobraba. Es así, a la Mujer no se toca, para eso las gallinas. Él volvía. Siempre volvía. En forma de humo, en olor a látex, en color de bombita roja, en espejos en el techo, en melodías saturadas. Así se lo imaginaba. Todo lo que costaba borrarlos, para que de ratos vuelvan. En torpes ratos. Siempre ese mismo olor. Era laburo decía. Le decían. Y ella volvía, otra no quedaba. A pesar de sus fantasmas. Muy a su pesar regresaba. Pensar que está para otra cosa. ¿Qué otra? ya no encuentra otra. El humo le borra la llama. No existe, no existe, se repite. Pero esta ahí, miralo. Va a volver, va a volver. Te lo dijo, te lo dijo. Todos dicen. No escucha, no oye; no quiere. Pero retumba. Como un eco. Siempre vuelve, siempre huele.

Cierra la puerta, aparece un baño. Hay que limpiarlo. Saca el rollito marrón del papel. Lo presiona fuerte en su mano. El cartón no pelea, sale volando. Se estremece en sus manos. Él también. Se va borrando. Las voces se van alejando. Busca en el bolsito verde que cuelga desde lo alto. Saca otro, lleno de blanco a su alrededor.


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al Arte

Sin titulo 2

En el barrio le dicen
Dibujo Veloz y chorrea
tinta. Imposible adorar así,
manchón y cuenta nueva.
Problemas para elipsear el universo.
Tan paralelo que se juntó.

Porque así, así, así.
Así, lo escribió el Gardel aquel.

En el barrio le gritan
Poesía Veloz y le gotea
rima. Justo queda en el
calzón, aerola culta.
Amanecer con enchas-
tre.

Eso es canción, eso es
amor al arte.


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Palacete

Si tuviera que definir
no sería como Palacio.

No sería como palacio,
más bien como chocita
galpón, ranchito o casilla
de villa. Sin estridencia
y con seguridad, que es un techo

también, no solo para mí país
sobre todo para mi hermosa
envidiable
cabeza llena de pelos, esto último
lo envidiable, Palacio.

Sin titulo


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IN-conexas

inconexas

Tengo ganas de escribir lo que mejor me salga. Y me sale, qué es lo que sale. Sale como aquellas tiendas berretas. Qué es lo que carajo venden. Impostura checoslovaca, amor pro-yanqui, muerte al salvaje unitarismo. ¡Vivan los Salvajes Federales! Oh, dios mío. Mío y de nadies más, de nadies más, de nadies más…
Todo tuyo y verás. De veras, de veritas. Como Sherk, yuerk o como joystick, o yuestick. No me vengas con imperialismodismos. Yo soy argento y tomo helado de dulce de milk en Ma´ donal. Qué me venís con la nacional y popular, ¿eh, ya no existe el hipopótamo de pumper Nick? o nic o nike o nick: el mío fue el_loco_peter. Con eso se ganaba en esa época. Transadas prestadas en Thiend. “¿Te salvo de pasillo del horror?” ahora chupala! Jajajajajajajjajajajajajajajajajajajjajajajajaja.
Que boludos que éramos, le gritabamos a la luna y al polvito de amor. Qué bien que la pasabas, que bien que la pasabas, que bien se la pasaba.
Ahora juego a jueguitos del face, que mortal me siento, que tarambana. Antes le peliábamos la vida a la muerte. Y vaya si le ganabas, y vaya si le ganabas. Mancha cielo para no tocar la arena movediza de la vida. A la noche llega la cana, malditos, malditos, no estabamos tomando nada.
Me dices “holis” y tengo ganas de trompearte la cara. Dejarte desfigurado. Delfi gur a do. Aguantá, aguantá, la gilada no tiene calma. Evoluciona. Vos te quedás, vos te quedás y ellos avanzan. Calistemía. Y la calesita de mi casa. De mi plaza. De mis pequeñas cuadras. Un mundo tan pequeño, tan acotado, tan hermoso, todo es revelador: todo es revelador. No hay que perder esa condición. No hay que ser tan pajuerano, debemos levantar los ojos de las pequeñas pantallas. Por allí está la vida, por allí, por arriba de tú aburrida, sucia, hostil y pacata cabeza. Sombrero de nada.


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Ida y vuelta

Sale a la calle y mira al sol. No lo encuentra.
Se mete a su casa y mira al techo, se mueve.
Sale a la calle y mira al cielo. No lo encuentra.

Entra a su pieza y mira bajo la cama.
Se agacha, apoya su mejilla izquierda sobre la alfombra.
Piensa encontrar ahí su destino.

Sale a la calle y mira al sol. Lo encuentra.
Está sobre su cabeza. Sobre el techo de sus pensamientos.
Entra a su casa y prende la televisión.

Ida y vuelta


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A la luna

Apareció de repente. Redonda y sin permiso. Así. Plaf. Plaf. Plaf. Como chancleteo en la orilla del mar. Sopapa de arena y agua salada. La dulce marea. Ella la dueña. Plaf. Para quedarse. Plaf. Para no irse. Y lo miraba. El aire sacudía sus peludas partes. Sus costados más viscerales. Plaf. Una gota de sangre. Plaf. Una gota de sangre. Y no se asustaba. Ella impavida. El ser de patas peludas y costados viscerales no se movía.

La luna reflejaba hermosa su cara. Miraba a la nada esperando que le devuelva… plaf… nada. Como bumerán encabronado. Por qué no regresa. Plaf. Porque no tiene ganas. Plaf. Porque perdió la huella. El barro se hace desconocido cuando se ignora. Cuando el agua y la tierra se hermanan. Plaf. Salta la gota de rocío. Plaf. Se estrella sobre la cama. El ser de patas peludas se escondía. Ella, la luna, y el barro, y él. Y Él. Plaf. Todopoderoso. Plaf. Omnipresencia.

Espera apurada la vuelta. No es rápido el desenlace. Se pierde en la trama, en la fama, en la hojarasca de las cosas más raras. Plaf. Se divorcian del tronco. Plaf. Separación de bienes. Las sienes plateadas quemaron su ser. Pulverizador de nostalgias. A quién le canta, el farolito y la calle en que nací. Plaf. Del empedrao. Plaf. Del bardoneón. Dúctil centinela del poder sentimental. Plaf. Soldado de bronce. Plaf. Soldadito de lata. Plaf. Pelota de plata.

Plaf. Como palmeada. Plaf. Como aplaudida. Plaf. Como encontrada. Plaf. Como perdida.

Plaf. Como encendida.

A la luna


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La rama

El viento la mueve fuerte. Rebota contra la pared de ladrillos a la vista y vuelve a su lugar como latigazo mudo. Así todo el rato, como un metronomo al desnudo. María vé como pasa el día por esa ventana. La rama se hace inofensiva en esa tonta flexión.
El viento arrastra la humedad y el calor. A María estos días pesados la agobian, casi que no puede subir las escalerales que la llevan a su ventanal. Debe frenar dos veces en la escalera angosta antes de llegar, abrir la puerta de un golpe seco y entrar.
Ningún día es igual en su santuario.
Los días de sol la inflan de amor, esas son las jornadas que valen la pena para María. El resplandor que irrumpe por la ventana rebota sin piedad por sus paredes grises yla iluminan como si no existeria un afuera. Ella se siente felizmente abrumada en esa saturación, se pierde en su propia habitación y escapa, y es un poco más feliz.
Se pone naranja en las trades y las copas de los arboles que se pierden en un horizonte extenso de hormigón, ya no le dan miedo.
La rama desilachada sigue martillando la pared junto a su ventana. Un auto bordó estaciona en la puerta de entrada. A María se le llenan de sudor las palmas de la mano. Baja un hombre con chaleco gris. María ríe nerviosa y caminando hacia atrás, sin despegar la vista de la ventana ahora naranja, cierra la puerta y se va.

la rama